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Como la vida misma

El relato de Lucas — y el síndrome del cuidador que sufren miles de personas sin saberlo.

Cuando Lucas se tuvo que encargar de cuidar a su madre lo vivió como una obligación. Una obligación con la que él quería cumplir, porque le proporcionaba la satisfacción de poder devolver a su madre una parte del sacrificio que ella le había dedicado. Y, además, la posibilidad de comprobar si estaba a la altura de sus principios, esos pilares internos con los que él sostenía su vida. A medida que la demencia de su madre fue avanzando, la tarea se fue haciendo más y más absorbente, mientras sus hermanos miraban hacia otro lado.

Cada vez que venían a verla, Lucas albergaba un profundo resentimiento hacia ellos. Su mayor satisfacción se la daba su madre cuando no les hacía ningún caso. Pero aquella alegría se volvía en su contra al ser incapaz de pedirles ayuda, y ellos, desde luego, nunca contemplaron la idea de ofrecérsela.

Un día su madre sufrió una crisis y tuvo que ser ingresada en el hospital. Y allí descubrió que él padecía el síndrome del cuidador. Se lo diagnosticó la hija de la señora que compartía habitación con su madre: con 22 preguntas se lo confirmó.

Tras el sobresaliente que obtuvo en la categoría de «cuidador quemado», no le quedó más remedio que entregarse a Google y descubrir que su caso era muy habitual. De hecho, su vida estaba perfectamente reflejada en la descripción de este síndrome.

¿Qué es el síndrome del cuidador?

Se define como un cansancio emocional que incapacita al cuidador para ofrecer la ayuda que necesita el paciente, hasta el punto de —en casos extremos— llegar a sentir indiferencia por él. También se le llama síndrome de sobrecarga del cuidador o del cuidador «quemado».

Los primeros síntomas

  • Aislarse de los amigos, familiares y otras personas queridas.
  • Pérdida de interés por las actividades con las que antes disfrutaba.
  • Sentirse triste, sin esperanza y desamparado.
  • Cambios en el apetito y en el peso.
  • Cambios en los patrones del sueño.
  • Más facilidad para caer enfermo.
  • Deseos de hacerse daño o de hacérselo a la persona que cuida.
  • Agotamiento emocional o físico.
  • Irritabilidad.

¿Qué lo provoca?

El agotamiento físico y mental de la tarea de cuidar. Los cuidadores, a menudo, están tan ocupados cuidando a otra persona que descuidan su propia salud emocional, física y espiritual. A ello se suman las expectativas poco realistas, la falta de control y de recursos, y las cargas irrazonables que muchos cuidadores se imponen a sí mismos.

¿Qué le ocurre al cuidador?

Cerca de un 90% de los cuidadores presentan alguna afectación del estado de ánimo: apatía, irritabilidad, ansiedad o trastornos depresivos. También dolores musculares o de cabeza, alteraciones del sueño o desajustes gastrointestinales. Es frecuente sentir impotencia y rabia, sentirse abandonado por los demás familiares y, además, culpable por creer que no se está cuidando suficientemente bien al ser querido.

Señales de alerta

  • Cansancio persistente y problemas de sueño.
  • Disminución o abandono de las aficiones.
  • Desinterés por vivir nuevas experiencias.
  • Elevada irritabilidad.
  • Dolores o molestias sin problema de salud aparente.
  • Aislamiento social.
  • Consumo de ansiolíticos y/o antidepresivos.
  • Niveles de estrés y/o ansiedad elevados.

¿Qué podemos hacer para prevenirlo?

  • Conocer bien la enfermedad y su evolución.
  • Comprender sus síntomas y los cambios de conducta que genera.
  • Reconocer y gestionar las propias emociones y sentimientos.
  • Pedir ayuda cuando se necesita.
  • Recuperar la propia identidad, más allá del rol de cuidador.
  • Buscar espacios para uno mismo y aprender a relajarse.
  • Ser positivos e intentar aliarse con el humor.
En nuestra asociación, por experiencia propia y estudios, hemos diseñado programas para aliviar y recuperar al cuidador, con resultados muy positivos. Nuestros terapeutas enseñan a comprender la enfermedad y a convivir con ella de una manera serena, digna y controlada; las sesiones en grupo ayudan a romper el aislamiento y a compartir emociones con personas que están pasando por lo mismo. El bienestar del cuidador influye claramente en el bienestar de la persona dependiente. Es crucial que el cuidador aprenda a cuidarse.

Conoce el Programa Apoyo al Cuidador

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