Humanos con Amor
El relato de Lucas — y el síndrome del cuidador que sufren miles de personas sin saberlo.
Cuando Lucas se tuvo que encargar de cuidar a su madre lo vivió como una obligación. Una obligación con la que él quería cumplir, porque le proporcionaba la satisfacción de poder devolver a su madre una parte del sacrificio que ella le había dedicado. Y, además, la posibilidad de comprobar si estaba a la altura de sus principios, esos pilares internos con los que él sostenía su vida. A medida que la demencia de su madre fue avanzando, la tarea se fue haciendo más y más absorbente, mientras sus hermanos miraban hacia otro lado.
Cada vez que venían a verla, Lucas albergaba un profundo resentimiento hacia ellos. Su mayor satisfacción se la daba su madre cuando no les hacía ningún caso. Pero aquella alegría se volvía en su contra al ser incapaz de pedirles ayuda, y ellos, desde luego, nunca contemplaron la idea de ofrecérsela.
Un día su madre sufrió una crisis y tuvo que ser ingresada en el hospital. Y allí descubrió que él padecía el síndrome del cuidador. Se lo diagnosticó la hija de la señora que compartía habitación con su madre: con 22 preguntas se lo confirmó.
Tras el sobresaliente que obtuvo en la categoría de «cuidador quemado», no le quedó más remedio que entregarse a Google y descubrir que su caso era muy habitual. De hecho, su vida estaba perfectamente reflejada en la descripción de este síndrome.
Se define como un cansancio emocional que incapacita al cuidador para ofrecer la ayuda que necesita el paciente, hasta el punto de —en casos extremos— llegar a sentir indiferencia por él. También se le llama síndrome de sobrecarga del cuidador o del cuidador «quemado».
El agotamiento físico y mental de la tarea de cuidar. Los cuidadores, a menudo, están tan ocupados cuidando a otra persona que descuidan su propia salud emocional, física y espiritual. A ello se suman las expectativas poco realistas, la falta de control y de recursos, y las cargas irrazonables que muchos cuidadores se imponen a sí mismos.
Cerca de un 90% de los cuidadores presentan alguna afectación del estado de ánimo: apatía, irritabilidad, ansiedad o trastornos depresivos. También dolores musculares o de cabeza, alteraciones del sueño o desajustes gastrointestinales. Es frecuente sentir impotencia y rabia, sentirse abandonado por los demás familiares y, además, culpable por creer que no se está cuidando suficientemente bien al ser querido.
Conoce el Programa Apoyo al Cuidador
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