En esa población mayor y dependiente ganan las mujeres (70%). “Por eso la dependencia ha sido tan poco visible socialmente y ha quedado limitada a la frontera del hogar y de la familia”. Lo suscribe Dependencia y Cuidados, de Antonio Abellán, Julio Pérez y Alba Ayala (CSIC); Rogelio Puyol (INE) y Gerdt Sundström (Instituto de Gerontología de la Universidad de Jönköping de Suecia). El estudio pinta un perfil: “Mujer con dependencia que vive en su casa o la de su hija, la cual es cuidadora”.
Los dependientes españoles viven en hogares multigeneracionales, un “notable contraste” con Europa, donde la vejez se vive en pareja. “Esto habla del retraso con que en España las personas mayores han conseguido ser autosuficientes respecto a sus hijos. Pero también que nuestro país ha amortiguado la crisis de los adultos jóvenes por el acogimiento de sus progenitores jubilados”.
Crisis. Seis letras contra todos. Nadie lo sospechaba en 2006, cuando nació la Ley de Dependencia con su zancada: crear un nuevo derecho de ciudadanía. “A 10 años de su entrada en vigor es imposible afirmar que esté garantizado ese nuevo derecho”, sostenía en 2017 en Panorama Social el sociólogo Antonio Jiménez Lara. En La atención a la dependencia: situación actual y perspectivas, el autor del Libro Blanco de la Dependencia defiende que la ley “profesionalizaba la atención”, hacía “política de inversión social” y comprometía una “financiación suficiente”. Citando a la Complutense, refleja que entre 2007 y 2011 la ley subió el PIB (0,13%), creó 137.000 empleos anuales y generó un retorno fiscal de la cuarta parte de lo presupuestado.
En cambio, Jiménez Lara, miembro de InterSocial, dice que por el “descenso de la financiación estatal”, entre 2012 y 2015 el Sistema de Atención a la Dependencia(SAD) “vivió un colapso que ha frustrado a muchos dependientes las expectativas que la ley suscitó”. Un “efecto dramático” es el limbo de la dependencia: “Personas que mueren sin la protección a la que tenían derecho”.
– ¿Cuántas?
– 38.000.
– ¿Sólo en un año?
– Sí, en 2017. Más de 100 dependientes al día. Según nuestro Observatorio de la Dependencia, 164.000 desde 2011. No murieron por ser dependientes, pero sí con la expectativa incumplida de recibir atención.
Habla José Manuel Ramírez, presidente de la Asociación Estatal de Directores y Gerentes en Servicios Sociales. “Entre 2012 y 2015 se paralizó y demolió el SAD. El varapalo creó un ahogamiento financiero por culpa del Gobierno. Pero las CCAA han fracasado: desequilibrio, listas de espera y 17 modelos con un acceso desigual según dónde viva el dependiente. En 11 años, la dependencia ha pasado por nueve ministros y muchísimos consejeros. La impericia de algunos ha sido y es evidente”.
Al recorte de Rajoy, Jiménez Lara añade el tajo del Decreto del 20 de mayo de 2010 firmado por Zapatero para la reducción del déficit público. Y la reforma de la Constitución para construir un techo de gasto insuperable. “No ha sido la crisis, sino ciertas políticas adoptadas ante la crisis”, apunta agudamente Jiménez Lara.
Pero los expertos dicen que el sistema toma aire. “Tiene una insólita capacidad: en 2017, por cada millón de euros se crearon 36 empleos y una tasa de retorno del 40%. Es una ‘industria blanca’. Sólo falta que los políticos se den cuenta”, dice Ramírez. “En el colapso, los beneficiarios se estancaron en 750.000. En 2017 eran 910.000”, mide Jiménez Lara.
Entonces, ¿la atención a la dependencia funciona o no? “Desde 2007, dos millones de personas han recibido alguna prestación. Pese a los gigantescos problemas, el sistema se ha consolidado”, dice el siempre crítico Observatorio de la Dependencia.
El futuro es una pregunta sin contestar, pero hay pistas del presente. Por ejemplo, una “peculiaridad” recién detectada. El Informe España 2017 de la Universidad de Comillas atesora que “el principal patrón del cuidado es el de mujer menor de 65 años que cuida a mujer o a hombre de 65 y más”. Es decir, la dependencia y los cuidados son cosa de mujer. Pero si los cuidadores tienen más de 65 años sube la frecuencia de varones. “Es llamativo por ser generaciones educadas en otras normas. Es una peculiaridad cargada de efectos para el futuro de la dependencia”.
El estudio de Abellán, Pérez, Ayala, Puyol y Sundström, actualizado en mayo de 2018, afirma que a partir de los 65 años, los hombres cuidan con la misma probabilidad que las mujeres e incluso más según avanza la edad. Así, en hogares de dos personas, a partir de los 80 años hay más hombres cuidadores (27.900) que mujeres cuidadoras (20.300).

Jose Mari ayuda a su esposa Josefa. ARABA PRESS
“Yo la quiero como siempre”. José Mari tiene 87 años. Josefa, 84. Hay un clima de voz baja en esta casa guipuzcoana de Pasajes de San Pedro. Hace mucho tiempo que José Mari, un antiguo marinero con pegas cardiacas, cuida las 24 horas de Josefa, a la que la ancianidad le trajo limitaciones físicas y cognitivas. Él la levanta, la asea, le da los fármacos, la ayuda a comer, le pasea, conversa con ella y a veces se deja ganar a las cartas. Los hijos ayudan, y el Proyecto Etxean Bizi (Vivir en Casa) está tejiéndoles una red de apoyo.
“El proyecto, promovido por la Diputación de Guipúzcoa, coordina todo lo que tenemos a mano: la familia, pero con dignidad, no haciéndola cautiva; los servicios sociales, de dependencia y de salud; el empleo del hogar; el voluntariado y la participación comunitaria. La clave es la atención integral y hacerles felices. Acompañar en lo que les gusta, dentro y fuera de casa. Y crear un movimiento de amigabilidad en el pueblo”. Es Mayte Sancho, directora de Planificación de la Fundación Matia, que prueba la idea en tres pueblos con 200 personas divididas en un grupo control y otro experimental.
“José Mari y Josefa desprenden cariño. Aunque no tiene tiempo para sí mismo, él la trata con amor. Y no la infantiliza”, cuenta Nerea Etxaniz, una de las activistas de Etxean Bizi.
Hombres que cuidan como mujeres… “Antes, el peso demográfico de los hombres era residual. Ahora empieza a ser muy importante”. Ayer se morían. Hoy viven más. Y ambos sexos envejecen distinto: “Las mujeres viven más, pero necesitan más ayuda para las actividades diarias”, dice Abellán. “Si las parejas superan los 85 años se cuidan mutuamente y los hombres cuidan como ellas si les toca. Y les toca bastante porque la incidencia de dependencia es superior en ellas. Pero el cuidado sigue estando en la mujer”, abunda Sancho.
La tesis apunta un cambio en el anciano como cuidador, un paradójico acercamiento al perfil del presente: la mujer. Abellán: “Asistiremos a una ‘feminización’ de los hombres de más edad en el cuidado. Pero es injusto equiparar la tarea de los cuidadores a la de las mujeres: lo más duro siempre ha recaído en ellas”.
¿Cómo será el futuro? “Llevamos 20 años discutiéndolo y no nos ponemos de acuerdo”, bromea Abellán.
Mientras no ocurra como en Las intermitencias de la muerte, de José Saramago, ese país donde la muerte deja de actuar, la cuestión no será caminar hacia la parca, sino cómo.
Los sociológos pesimistas hablan de más vejez y más vieja, familias con menos hijos, lejanía geográfica entre parientes y avances que alargan la vida pero no retrasan la discapacidad. Los optimistas confían en más implicación masculina, más cuidadores, dependientes con más dinero y mejoras técnicas y legislativas.
“Acabo de pasar la revisión para renovar mi permiso de conducir. Según éstos y otros baremos, calculan los años de existencia socialmente autorizada que me conceden. No es broma; hace poco que me expulsaron de la vida profesional, de momento me permiten proseguir en medio del tráfico rodado, pero no anda lejos el día en que certificarán mi inmediata salida de la vida a secas”.
Lo barrunta en A fin de cuentas. Nuevo cuaderno de la vejez el ex catedrático de Filosofía Moral y Política en la Universidad del País Vasco Aurelio Arteta.
Tiene 73 años.
Y, quizá mirando a un país que jubila lo viejo cuando aún no lo es, sepa de lo que habla: “La vejez es para todos la edad del ‘ya no'”.
El 52,5% de los mayores de 65 años necesita ayuda
Por HUGO GARRIDO
Somos más y vivimos más años. En tan solo cuatro décadas la esperanza de vida en España ha aumentado en 10 años. Quienes nacen ahora lo hacen con la expectativa de llegar a ser octogenarios. A pesar del descenso de población durante la crisis, a comienzos de enero la población residente en el país era de 46,6 millones de habitantes, un millón más que en 2008. Una de las consecuencias lógicas es el envejecimiento progresivo de los españoles. La estadística del número de mayores de 65 años por cada 100 personas menores de 16 (índice de envejecimiento) así lo demuestra: hace una década, la proporción era de 105; ahora, hay 121 individuos en edad de jubilación por cada 100 menores de 16 (el dato era de 54 a finales de los 80). Sobre ese escenario surgen nuevas demandas sociales, en especial en dependencia. El deterioro físico y cognitivo asociado a vivir más tiempo hace que cada vez más población necesite ayuda para desenvolverse en su día a día. Según los datos de la Encuesta Nacional de Salud del Ministerio de Sanidad, el 20% de la población de mas de 65 años tiene alguna dificultad para labores de cuidado personal como ducharse, vestirse, levantarse, comer o ir al baño. El porcentaje sube hasta el 52,5% cuando se trata de tareas domésticas (ligeras o pesadas), hacer la compra, cocinar, administrar la casa, usar el teléfono o tomar la medicación.

A falta de otros ingresos, los recibidos desde el sistema público de pensiones son la única vía con la que intentar llevar una vida digna al llegar a la vejez. Y no siempre es suficiente. Aunque el importe medio que reciben los nuevos pensionistas es de 1.369 euros al mes, la pensión media del sistema (incluidas, también, las de viudedad, orfandad e incapacidad permanente) no llega a los 950 euros mensuales. La factura de las pensiones no deja de crecer. En 2008, los Presupuestos Generalesestimaron partidas por importe de 110.000 millones de euros (el 33,85% del gasto no financiero), una cantidad que asciende hasta casi 145.000 para este año(el 44,16%).

Call Now Button