Hubiera dado su vida por él. Tanto le quería que sufría viendo cómo perdía la memoria a pasos agigantados.
Con lo que había sido su marido, tan jovial y enérgico, tan activo intelectualmente, y ahora, consumido en su sillita de ruedas, ya no la reconocía más que a ella. Era tal el sufrimiento, que todos los días rogaba a Dios que se lo llevara con él ….y ese día llegó.

El hombre de su vida se fue de este mundo y la dejó sola y con un infinito vacío.
Aquella residencia en la que habían pasado los últimos meses estaba llena de malos recuerdos, y Rosa María quiso volver a su casa, donde había vivido con su marido en sus horas felices, y donde se nutriría de hermosos recuerdos.

A sus casi 90 años no se sentía capaz de apañárselas sola, pero le daba horror revivir la agonía de su marido. Pidió a sus cuatro hijos no volver a pisar una residencia en su vida, les hizo prometer que nunca la meterían en un centro y que la dejarían vivir los últimos años de vida en su casa.
Rosa María tenía una asistenta contratada que iba todas las mañanas a su casa a limpiar, planchar y cocinar,
pero se sentía sola e incapaz para muchas cosas y le daba angustia dormir sola sabiendo que no había nadie más en la casa.
Yo conocía la situación pero no me hacía mucho cargo, puesto que no estaba allí con ella. Vivía a cientos de kilómetros en mi barco, con mis historias y mis problemas de recién abandonada por su marido.
Mi proyecto de vida en ese momento era poner tierra de por medio e irme a Costa Rica a montar un negocio que llevaba tiempo estudiando con mi futuro socio. Estaba muy ilusionada con mi proyecto, pero cada vez que oía su voz
llorando a través del teléfono se me partía el corazón “Hija, cuándo vienes, te necesito, estoy muy sola, ven a vivir conmigo”.

Ese run run en mi interior inquietaba mi conciencia, aunque sabía que si iba a vivir con ella supondría una vida muy dura para mí y la renuncia a mi libertad.
Medité muchísimo sobre todo esto, me atormentaba mucho tener que tomar tal decisión, pero por fin comprendí que ,por muy bien que me fuera en mi nuevo negocio, por mucho que viera cumplido un sueño, por muy maravillosa que fuera esa vida que tanto esperaba navegando por el Caribe, nunca podría ser feliz sabiendo que había dejado a mi madre abandonada.

“El paraíso no está en ningún sitio, sino dentro de nosotros mismos”, me dije a mi misma. Cerré los ojos, apreté los puños y dije YA VOY MAMÁ ,
Al cabo de unos días abandoné mi barco, cogí a mi perro y la ropa y enseres que me cabían en el coche y puse rumbo a Madrid.

Han pasado seis años de aquello, he cuidado a mi madre durante un lustro, ha sido durísimo, me he sentido muy sola y desamparada, mis hermanos no han ido ni en navidad a visitarnos los últimos dos años, cuando madre ya era absolutamente dependiente, había que limpiarla, vestirla, darle de comer a la boca y hasta cambiarla de postura. Su deterioro cognitivo fue brutal, y fruto de esa demencia senil presentaba cuadros psicóticos que la llevaban a ponerse muy agresiva, romper cosas, autolesionarse, tirarse al suelo, etc, por lo que requería una vigilancia constante sin dejarla sola ni un segundo.

Durante aquellos años sufrí muchísimo tanto por ella como por mí, pero al final conseguí que se cumpliera su deseo de morir en su casa, rodeada de sus cosas y sus recuerdos, y que viviera lo mejor posible los últimos años.
Si fue durísimo, pero ahora sé que tomé la mejor decisión de mi vida: dejar todo para cuidar de mi madre el tiempo que le restara.

Después de su muerte me ha quedado una tranquilidad que no tiene precio, y la presencia espiritual de mi madre que, desde allá donde esté, me protege y me guía. No hay mayor satisfacción que el deber cumplido, y todo el esfuerzo y el sufrimiento valen la pena.
Me dirijo ahora a todos los que estáis pasando por una situación similar, para deciros que no estáis solos.
Humanos con Amor nace para apoyaros en todo lo que podamos, para hacer vuestra importante misión mucho más llevadera, para que nunca os falte la ilusión y las fuerzas, porque el amor, por mucho amor que sintáis hacia vuestro ser querido, nunca es suficiente.

Humanos con Amor quiere que se reconozca el importante sacrificio y labor importante labor social de todos vosotros, personas que trabajáis 24 horas en la sombra, sin ningún reconocimiento ni apoyo moral. Nadie que no haya pasado por eso puede comprender el sacrificio que esto supone. Pero no os volváis a desanimar nunca más, tenéis ahora en nuestra asociación la inyección de ilusión y fuerza necesarios para que, cuando todo haya acabado, podáis sentir que hicisteis algo muy valioso de lo que nunca os arrepentiréis.

 

Susana Corniero Fernández-Baños
Asociacion Humanos con Amor

Queremos conocer tu historia.

Y si quieres la publicaremos.

Deseamos rendirte un merecido homenaje y descanso

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